Cuando el lucro asesina a la educación

El reciente escándalo público ocasionado en la Universidad del Mar, una institución privada de educación superior donde el lucro a través de  redes de sociedades inmobiliarias, ha ocasionado la natural indignación de académicos, trabajadores y estudiantes, y ha vuelto a instalar en el debate público la cuestión del lucro en la educación superior.  Los hechos que motivan el actual movimiento de estudiantes, funcionarios y académicos de esa casa de estudios son muy claros: al renunciar el Rector Nacional Raul Urrutia denunció -desde su posición privilegiada para conocer la verdad del funcionamiento interno de esa organización- que se desviaban cuantiosos recursos financieros para la función educacional hacia sociedades inmobiliarias, mientras que a docentes y funcionarios se les adeudan remuneraciones y cotizaciones previsionales.   

YO ENSEÑO, TU PAGAS, NOSOTROS EDUCAMOS Y ELLOS LUCRAN

Pero, ¿no es este el procedimiento ilícito e ilegal al que han recurrido permanentemente muchas universidades privadas en Chile, para extraer recursos desde el muy lucrativo negocio de la educación hacia las cuentas y sociedades particulares de sus dueños y sostenedores?  ¿No ocurre acaso lo mismo en liceos particulares, institutos profesionales, centros de formación técnica y colegios, donde los profesores son pagados con sueldos miserables, con contratos a honorarios de marzo a diciembre, mientras los estudiantes y sus familias pagan cuantiosas cuotas mensuales y los establecimientos mantienen precarias y hasta indignas condiciones pedagógicas y  de infraestructura? 

Mientras el gobierno trata de aparecer anunciando sanciones a los responsables y amenazando con la pérdida del reconocimiento a dicha universidad, resulta flagrante que esta denuncia de irregularidades financieras haya sido publicada durante todo el año 2011 por los sindicatos de trabajadores de la Universidad del Mar ante una comisión investigadora de la Cámara de Diputados, sin que el Estado a través del Ministerio de Educación haya dado señales de interesarse en el asunto.

El lucro en la educación en Chile es legal.  La ley lo permite, porque no lo prohibe. 

Y por lo tanto, la maniobra consiste precisamente en que sociedades privadas de todo tipo, extraen recursos desde las universidades, colegios, jardines infantiles, liceos, CFT e IP privados, bajo la “figura contable” del “arriendo” de los inmuebles, de declarar pérdidas durante años o de asignar abultados sueldos a los administradores, accionistas y sostenedores de esas entidades.  Y como la educación no paga impuestos, resulta un enorme y lucrativo negocio.  Negocio del cual participan alegremente tambien las universidades estatales, cuyos directivos, rectores y miembros de sus juntas directivas se autocancelan enormes sueldos  mensuales.

Pero, ¿de qué nos extrañamos? 

 ¿No salian en Chile cientos de miles y hasta millones de ciudadanos de todas las edades y condiciones durante el 2011 reclamando “fin al lucro”?  ¿No decía hace poco el Ministro actual de Educación que en las universidades privadas chilenas no había lucro?  Pues bien, mientras estudiantes y educadores marchaban en todas las ciudades de Chile exigiendo que se termine esta lacra de la educación lucrativa a lo largo de todo el año 2011, en la Universidad del Mar  y en muchas universidades privadas se seguían perpetrando estas mismas maniobras financieras con inmobiliarias fantasmas.   Hasta podríamos preguntarle al Ministro de Educación si los permanentes diferendos, querellas, conflictos, paros, tomas y protestas de los académicos, trabajadores y estudiantes de la Universidad del Mar … ¿son un “asunto entre privados”…?

OTRO PARADIGMA EDUCATIVO

El tema central del actual movimiento de la Universidad del Mar instala en el espacio público una cuestión crucial para el desarrollo educacional del país. ¿Es posible una educación superior de calidad y de excelencia en condiciones de lucro y de privatización de los recursos?  ¿Hasta cuándo puede seguir funcionando un sistema donde estudiantes y familias se endeudan por decenas de años hacia adelante al costo del enriquecimiento inmediato  de unos cuantos sostenedores? 

Es posible otro paradigma educativo donde el compromiso de los profesionales docentes se centre en un proyecto educacional inclusivo, con altos estándares de exigencia y de excelencia académica, donde la educación se realice en un medio cultural y un entorno tecnológico altamente comprometido con la sociedad del conocimiento,  para garantizar un formación profesional de calidad y donde los recursos de las instituciones universitarias se destinen prioritariamente a la docencia, la investigación y la extensión.

Para la inmensa mayoría de los profesionales educadores,  la educación universitaria no es un negocio  ni una fuente de enriquecimiento monetario (¡muy por el contrario!), sino que obedece a una profunda vocación humanista de contribuir positivamente a la formación integral de las nuevas generaciones, conectando al aula con los conocimientos más actualizados, con las experiencias científicas, tecnológicas, educativas y sociales más enriquecedoras y con la realidad del medio laboral y profesional. 

¿Avanzamos hacia ese nuevo modelo educativo en Chile?

Manuel Luis Rodríguez U.

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