La renovación del pensamiento crítico

PREFACIO

¿Cabe alguna duda que asistimos hoy a una crisis generalizada del orden social que nos rige?

¿Cabe alguna duda que la sucesión de crisis financieras y económicas desde mediados de los años 2000, conduce a pensar que se trata no solo de episodios cíclicos que se suceden cada cierto número de años, sino que podríamos estar aproximándonos a un colapso generalizado?

En este ensayo nos planteamos la cuestión del pensamiento crítico como arma intelectual para el cambio, desde una perspectiva interdisciplinaria y al interior de las Ciencias Sociales.

Si asumimos que la crítica es la actividad de la razón intelectual y de la razón práctica que cuestiona más o menos radicalmente la realidad presente, en nombre del pasado o en nombre del futuro, entonces hemos de asumir también que en las condiciones de crisis sistémica que experimenta la sociedad contemporánea, la crítica no puede continuar siendo un mero ejercicio verbal o argumentativo, sino que se encuentra en la encrucijada ética de convertirse en una herramienta racional frente a la sinrazón dominante.

Se discute aquí que uno de los problemas centrales que aqueja al pensamiento crítico prevaleciente hoy, es que se trata con frecuencia de una reflexión notoriamente des-socializada y ahistórica, es decir, que se sitúa en una esfera desconectada de la realidad social con toda su complejidad y desvinculada del proceso histórico dentro del cual tiene lugar el propio pensamiento.    La crítica asocial y ahistórica desconecta eficazmente los fenómenos del presente de su causalidad procesual e histórica, económica y social, los aísla de sus raíces estructurales no visibles, de sus causas sistémicas y los presenta superficialmente como consecuencias nefastas, involuntarias o impropias de acontecimientos y eventos anteriores.

Es  la Historia sometida a los dictados de la Economíay cortada de sus raíces, es  la Política sometida al mercado y es en definitiva, la sociedad aislada de la realidad en la que se asienta.

Manuel Luis Rodríguez U.

Punta Arenas – Magallanes (Patagonia sin represas), verano de 2012.

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LA RENOVACIÓN DEL PENSAMIENTO CRÍTICO – ENSAYO

Una (in) tranquila sabiduría

El encuentro reciente con mi antiguo profesor del Institut d’Etudes Sociales de Lyon (Francia), Bernard Husson, en el curso de una visita especial que hizo a Magallanes para encontrarse con su antiguo alumno, es un punto de convergencia que me da la ocasión para reflexionar acerca de la función académica y el rol de los intelectuales en el mundo de hoy.

Podría incluso hacer abstracción del ciclo vital que se cerró con esta visita, cuando el profesor viene a la universidad donde hace clases su alumno, para recordar que la universidad, como todo espacio educativo y formativo es un lugar amplio y universal de encuentro entre el saber que se aprende, el saber que se busca y el saber que se enseña.

En cada uno de los intensos dialogos que tuvimos Bernard y yo, nunca pude despojarme de mi actitud de escucha y de aprendizaje…como que nunca he dejado de ser su discípulo y como si mi maestro nunca hubiese terminado de enseñarme.

La función académica y del intelectual en el convulsionado mundo de hoy se encuentra alrededor de a lo menos tres nudos o focos de tensión: 1° la creación, producción y transmisión de conocimientos; 2° el desarrollo incesante de una reflexión teórica y teórico-práctica acerca de la realidad actual y 3° la constitución de una conciencia crítica que apunte desde el presente hacia los nuevos horizontes del futuro.  La ecuación pasado-presente-futuro aparece aquí integrada en el quehacer del intelectual que, como académico, puede contribuir más o menos eficazmente a los procesos educativos y a la formación y desarrollo de la ciencia, y en este caso, de las Ciencias Sociales.

Creo que encontré en mi antiguo profesor la misma tranquila sabiduría del que sabe y no dice que sabe, del que entiende y nos hace entender, del que trata de comprender y de explicar y nos enseña a comprender y explicar, del que enseña abriendo ventanas al saber, del que no impone sus conocimientos por la fuerza visible del curriculum, sino por la potencia invisible del saber construido en base al estudio constante y sistemático y a una permanente decantación de la experiencia.    Desde esta perspectiva, el que sabe, en realidad no sabe, solo va hacia el saber sin alcanzarlo nunca completamente, como si el conocimiento fuera una infinita escalera en la que cada peldaño apunta hacia el peldaño siguiente por alcanzar.

Aunque parece que voy  en dirección de esa tranquila sabiduría de mi profesor,  en realidad sigo un camino diferente: el de la intranquila sabiduría.

Porque se nos ha dado la oportunidad existencial de saber, nuestro deber es saber para seguir intranquilos frente a la realidad que nos golpea, nos indigna y nos cuestiona.  Porque se supone que sabemos, no podemos conformarnos en la tranquilidad del que sabe, porque la desigualdad, la injusticia, la miseria, la ignorancia, la intolerancia y la inequidad nos interpelan a la intranquilidad.

Demás está decir que en el mundo de hoy, la función del intelectual y del académico aparece “venida a menos” ante el predominio casi absoluto de una mentalidad mercantil, competitiva, individualista y materialista, que tiende a desvalorar la producción de conocimiento y de reflexión en nombre de la obsecuencia, del silencio y de la prescindencia, y hasta de la supuesta intangibilidad de la ciencia frente a los intensos acontecimientos de la vida cotidiana y social. No es ni puede ser función del intelectual situarse en una esfera aislada y superior, “en nombre de la ciencia”, frente a los procesos sociales y culturales de cambio que tienen lugar a nuestro alrededor.

Ni la Sociología ni la Ciencia Política, ni las Ciencias Sociales ni la Metodología de la Investigación pueden aparecer como altos edificios cerrados donde los intelectuales especulan y crean saberes, mientras “ven pasar por la ventana” los incesantes acontecimientos de la realidad. Por el contrario la ciencia es una herramienta para cuestionar los saberes “definitivos”, las certezas intocables y las racionalidades absolutas.

Así como la misión estratégica del conocimiento y de la ciencia es la de contribuir a develar las estructuras mentales, simbólicas y materiales de la realidad, la tarea fundamental de la Ciencia Política y de la Sociología, sigue siendo la de aportar interpretaciones, explicaciones y análisis críticos de las estructuras simbólicas y materiales de dominación y de alienación y la de contribuir a empujar hacia el futuro -con las lecciones, aprendizajes, avances y errores del pasado- para superar esas estructuras y transformar la sociedad y la cultura.  El conocimiento es parte del movimiento.

La vocación esencial del intelectual y del académico en el mundo globalizado de hoy, podría resumirse en dos paradigmas insoslayables e interrelacionados: la necesidad de construir conocimientos que permitan conocer y cambiar el orden de cosas existentes, a partir de un pensamiento crítico; y la necesidad de asumir la complejidad de la realidad para intentar develar los mecanismos profundos y las estructuras fundamentales del orden de cosas existentes.  El saber y el conocimiento, llevados hasta sus límites siempre superables, pueden cumplir una misión funcional o una misión crítica ante la realidad y es el intelectual el que debe resolver moralmente en sí mismo este dilema implícito en la diaria tarea de la ciencia y de la academia.

Aún en esta enorme tarea, el intelectual y académico está siempre llamado a la humildad del aprendizaje, a la sobriedad de sus afirmaciones y a la precariedad temporal de sus hallazgos.

La ética de la ciencia opera en la implacable dialéctica de conocer para cuestionar y de cuestionar para saber.

Nuestra misión en la enseñanza, cualquiera sea la forma, el lugar y la plataforma dónde ésta tenga lugar, es apuntar a la excelencia académica, al rigor de la ciencia en la construcción del conocimiento, a facilitar al alumno que aprenda a ser, a estudiar y a aprender, a partir del despliegue de sus propias potencialidades y de un horizonte de pensamiento que le abra las puertas de todos los futuros posibles.

Sabemos para enseñar y enseñamos para saber.

Manuel Luis Rodríguez U.

Democracia, ciudadanía y regionalización

 Desde los orígenes de la Repúblicay desde la formación de los territorios extremos de la nación en la segunda mitad del siglo xix, la demanda regionalista forma parte del patrimonio político y cultural de ciudades y localidades que se vieron enfrentados históricamente a un paradigma centralista.

 En los inicios del siglo xxi y en medio de una profunda transformación sociocultural producto de la globalización de los intercambios, el sentimiento regionalista y la demanda de regionalización, descentralización y desconcentración se han instalado en la agenda política, como una de las tareas políticas e institucionales estratégicas pendientes para Chile.

 El problema político, cultural e institucional crucial que aqueja hoy al Estado de Chile, sigue siendo el de la creciente polaridad territorial, desigualdad socio-económica y asimetría administrativa y política entre  una capital macrocefálica y un conjunto desigual de regiones y comunas que no alcanzan los niveles de desarrollo y crecimiento.

 La modernidad opera en el territorio nacional como una serie de oleadas sucesivas de progreso material que van llegando a las regiones y comunas mas alejadas, como ideas, significados, avances, proyectos y progresos repetidos que copian patrones culturales y de gestión probados en el centro capitalino del territorio.

 Al mismo tiempo, la asimetría “centro-periferia” se repite al interior de las regiones del país, donde la capital regional tiende a absorber población, recursos, inversiones e iniciativas, en desmedro de las comunas rurales y los territorios apartados.

 Al centralismo territorial se añade la ausencia de la sociedad civil dentro del aparato del Estado.  Chile experimenta un vacío existencial en su sistema político: las instituciones del orden político vigente han sido creadas como si la ciudadanía organizada no existiera o estuviera constituida por menores de edad cívicos y si se otorgan espacios de discusión y de diálogo, éstos resultan más por una concesión graciosa de la autoridad o el resultado forzado de la presión social y ciudadana. 

 El aparato estatal y administrativo chileno está concebido como un enorme edificio institucional en el que la participación es ocasional y marginal, porque la ciudadanía no tiene ningún espacio para intervenir en los procesos de toma de decisiones.

 El concepto de participación que predomina en el orden político chileno actual es el de informar a la ciudadanía de las decisiones tomadas por los que están en el poder, sin que los ciudadanos tengan oportunidad de tomar parte en la toma de decisiones de los asuntos públicos que le conciernen.  A los ciudadanos se les pregunta si desean pavimentar sus veredas, pero no se les pregunta el tipo de sistema educacional o el modelo de Constitución por el que prefieren regirse.

 Chile adolece de un centralismo administrativo y político –del cual las regiones extremas son víctimas preferenciales- pero también sufre de un centralismo corporativo, donde las empresas prefieren instalar sus casas matrices en la capital del país.

 Los desafíos futuros de la regionalización en Chile, como en muchos otros Estados latinoamericanos, dependen tanto del fortalecimiento de las atribuciones, facultades y recursos a disposición de gobiernos regionales y locales fuertes, como de la transformación de la descentralización en un componente político de las instituciones, mediante la más amplia participación ciudadana a la hora de la toma de decisiones.  Se trata de democratizar las regiones (asambleas, consultas, elegibilidad y revocabilidad de las autoridades, plebiscitos) y de regionalizar la democracia (servicios públicos regionales, impuestos regionales…).

Manuel Luis Rodríguez U.

Calidad de los informativos y calidad de la televisión

La cuestión de la calidad de los informativos de los grandes canales de la televisión nacional, ha venido surgiendo y reapareciendo con frecuencia en el debate público en el país, tanto por la percepción que tienen los ciudadanos-espectadores respecto de los contenidos, como de la opinión expresada por actores relevantes de la opinión pública acerca de su calidad.

Pero, ¿qué es calidad de los informativos en la televisión? ¿Cuáles son los criterios mediante los cuales se puede medir la calidad de un informativo televisivo?  Ciertamente, esos criterios deben relacionarse con las condiciones culturales de los públicos y con la orientación editorial de los propios medios donde tienen lugar los informativos.

En la literatura científica y especializada, los criterios principales -aunque no los únicos- para determinar la calidad de un informativo de la televisión, responderían a las siguientes cuatro preguntas:

¿Qué tipo de información sobre su entorno se le da al espectador?

¿Existe pluralidad de voces y de versiones se presentan en cada noticia?

¿La información es comprensible para el espectador? -

¿Existe separación clara en cada noticia entre información, publicidad y propaganda?

Manuel Luis Rodríguez U.

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Para saber más:

CRITERIOS EVALUACION CALIDAD INFORMATIVOS TELEVISION

EL TELEESPECTADOR CRITICO

ESTANDARES DE CALIDAD EN TELEVISION Y SU VALORACION

Violencia y educación en el siglo de la globalización

La educación es uno de los tópicos centrales del debate en el espacio público actual, en la sociedad contemporánea.   No es un tema que tensiona solamente a la sociedad chilena, sino que abarca  a todos los países donde ha predominado un modo neoliberal de desarrollo.  Y este debate presenta distintas aristas o puntos de enfoque, según los intereses de los interlocutores del debate o según la agenda en discusión.

Este ensayo presenta un análisis sociológico y politológico acerca de la relación entre violencia y educación en la sociedad actual, como contribución intelectual y ponencia al seminario “Educación y violencia” organizado por el colectivo ALE (Acción Libertaria Estudiantil)  dela Universidad de Magallanes.

VIOLENCIA Y EDUCACION EN EL SIGLO DE LA GLOBALIZACIÓN

Elogio de la razón en tiempos de indignación

La indignación sucede como una forma de toma de conciencia, es el segundo momento después que el individuo sometido comprende que está no solamente en una cúspide de una oleada de movimientos ciudadanos, sociales y culturales de protesta, sino que asiste a la exteriorización de una conciencia crítica frente a un sistema que opera como una gigantesca y compleja maquinaria de fabricación de desigualdades, de un enorme sistema que funciona sobre la base de la asimetría como realidad irreemplazable, del lucro como forma legítima de aprovechamiento y del dinero como recurso desigualador.

En el centro de esta época indignada, está la razón, está el ejercicio constante y perseverante de la razón como expresión de la conciencia humana, como manera de ver y de comprender el mundo, pero sobre todo, como manera de pensar que el mundo es posible cambiarlo.  No hay razón indignada si no hay razón del futuro, si no hay razón para el cambio, con toda la fuerza del sentimiento y con toda la intensidad de la pasión.

La razón entonces es hoy toma de conciencia, condición reflexiva y dialogante para tomar conciencia, para conocer, para saber, para pensar la realidad y para cambiar la realidad.  La razón crítica cuestiona y apunta a la razón del cambio, porque solo el cambio transforma la razón y realiza la crítica.  MLR

El tiempo como espiral que gira

La tradición judeo-cristiana que llegó mediante la colonización hispana a América Latina, instaló en nuestras mentes, en nuestra cotidianeidad y en nuestros subsconscientes, la idea del tiempo que se instala en la realidad como una línea contínua que transcurre desde el pasado, pasando por el presente y siguiendo hacia el futuro.  Es probable que la linealidad del tiempo judeo-cristiano esté asociada a la búsqueda existencial de certezas y a la necesidad imperiosa de control del ser humano sobre los procesos naturales e históricos.

Existen sin embargo otras tradiciones y visiones del tiempo, asociadas a cada cultura, a cada cosmovisión.

El paradigma del tiempo como una espiral que gira constantemente, hace alusión, en cambio, a la idea que los ciclos naturales se repiten ad-infinitum.

Al relativizarse la noción predominante del tiempo, nos vemos inclinados a pensar que el tiempo es un constructo, un constructo social y cultural, un constructo mental históricamente determinado.

Pero, ¿cuántas formas de tiempo existen?  Desde el tiempo cronológico hasta el tiempo secular, encontramos también el tiempo mental, como reloj crono-biológico y psicológico.

(ensayo en construcción)

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Manuel Luis Rodríguez U.