El trabajo virtual: contribuciones para el estudio del trabajo en el siglo XXI

En la sociedad y la economía material, característica del capitalismo industrial y de masas que se consolidó entre los siglos xix y xx, el trabajo era esencialmente una operación físico-intelectual en la que el individuo dedicaba una parte de su fuerza creadora a la producción de bienes o servicios, una operación social e individual de transformación de la naturaleza mediante el uso más o menos intensivo de la tecnología, la información-conocimiento, la energía (proveniente de la naturaleza) y la fuerza física invertidos en distintas proporciones, tiempos e intensidades.

El trabajo era además, una operación material para producir plusvalía ajena.

APROXIMACIONES A UN CONCEPTO DE TRABAJO VIRTUAL

El trabajo social se encontraba encarnado en la mercancía y constituía el valor de esa mercancía, de manera que el valor del producto era la expresión concentrada del trabajo encerrado en la mercancía. En el proceso del trabajo, el productor de mercancías (o sea el trabajador) creaba valor de uso y valor de cambio. El valor de la fuerza de trabajo, en el capitalismo industrial (desarrollado y dependiente), lo mismo que el de cualquier mercancía, venía determinado por el tiempo de trabajo indispensable para la producción y reproducción de esa mercancía específica, de manera que la fuerza de trabajo encarnaba cierta cantidad de trabajo socialmente necesario.

¿Qué ha cambiado entonces en el capitalismo globalizado e informacional del siglo xxi?

En nuestro ensayo anterior: http://paradygmassiglo21.wordpress.com/2010/01/25/el-trabajo-introduccion-hacia-una-nueva-critica-de-la-economia-politica/ hemos propuesto definir el trabajo como “la actividad social de transformación de la naturaleza y de la realidad, mediante el uso combinado de la fuerza física, de la inteligencia, de la destreza, de la información y del conocimiento (conocimiento práctico, conocimiento sabiduría, conocimiento procedimental, experiencia acumulada, conocimiento innovador…). El trabajo modifica la naturaleza, transforma la materia y los recursos naturales e introduce nuevos materiales, nuevos bienes, nuevos datos en la economía y en la realidad.”

Al mismo tiempo definimos también que “el trabajo es la fuente creadora de la riqueza y del capital. Aun en las condiciones del capitalismo financiero contemporáneo y sus derivaciones especulativas, en su orígen y en su constitución primaria el capital (y la riqueza material y económica que implica) encuentra su orígen primigenio en el trabajo, es decir, en la actividad humana organizada que creó esa riqueza transformando la materia, la naturaleza o el conocimiento.”

En la economía y la sociedad del conocimiento, en cambio, como la que muestra sus albores en estos primeros decenios del siglo xxi, el trabajo deviene cada vez más una operación predominantemente intelectual (con un mínimo decreciente de esfuerzo físico y un máximo creciente de estres mental y social) de codificación y descodificación de símbolos y lenguajes, en la que las materias productivas, los factores productivos y el propio producto final del esfuerzo, son una serie interrelacionada de intangibles.

La virtualización del trabajo no hace desaparecer sus manifestaciones materiales y sociales más degradantes y de explotación, propias del “modelo” de desarrollo capitalista: solo incorpora una nueva dimensión -de forma y contenido- en el proceso productivo, modificando la escala del trabajo, las modalidades de su realización, el ritmo, el tiempo y la jornada de trabajo y transformando su aspecto espacial o territorial. Esa virtualización proviene de la intangibilidad de la materia prima del proceso productivo: la información, los datos, los saberes y conocimientos se convierten en materiales de trabajo inmateriales, ya que están plasmados solamente en los sistemas computacionales en la forma de códigos y lenguajes informacionales.

Asistimos a la implosión del tiempo de trabajo, la producción de bienes materiales se acompaña con la producción de bienes simbólicos, el objeto del trabajo deviene virtual y los medios de trabajo se desterritorializan.

Los medios de trabajo aquí: instrumentos de trabajo, condiciones materiales de trabajo, infraestructura donde se realiza el trabajo, tecnica y tecnología puesta a disposición del proceso productivo, se modifican sustancialmente, de modo que los medios de trabajo y los objetos de trabajo dan forma a medios de producción simbólica que difieren profundamente de aquellos que hicieron posible el capitalismo industrial del siglo xix y xx.

Los instrumentos de trabajo informatizados, digitales, computacionales, operan sobre una lógica de interconectividad extendida, facilitando innumerables interfaces ser humano-máquina antes desconocidas, las condiciones de trabajo se manifiestan en una suerte de red de redes, los medios de producción se expresan y realizan “en pantalla” es decir, en un espacio material-virtual en el que operan dinámicamente un conjunto interconectado y sistémico de lenguajes comunicacionales escritos, gráficos y simbólicos. Incluso los componentes automatizados de los sistemas computacionales, permiten que una parte sustancial del trabajo de producción y reproduccion y comunicación de los productos del trabajo virtual (data), se elaboren automáticamente y se transmitan a redes comunicacionales extendidas.

El lugar de producción, ahora un territorio virtual en sí mismo es la pantalla computacional, lo que permite a su vez, la deslocalización casi completa del trabajo, de la fuerza de trabajo, de manera que el espacio productivo puede estar situado en cualquier punto geográfico sin directa relación física con la unidad productiva responsable de la gestión ejecutiva del proceso de trabajo y producción. ¿Vamos camino hacia la ubicuidad del trabajo como actividad social individualizada y dispersa que solo se conecta con la organización corporativa mediante las redes computacionales?

Nos encontramos ante la paradoja que el trabajo sigue siendo visible y tangible (como operación humana racional y rutinaria ante la máquina), pero su producto final es intangible: el conocimiento y la información. Producto que demás, deviene a su vez, en materia prima para otros procesos productivos tambien tangibles e intangibles.

En la nueva economía, el trabajo que denominamos virtual es una operación predominantemente intelectual en que el individuo trabajador (generalmente un especialista de alta formación) produce conocimientos e información, mediante un uso intensivo de las tecnologías de la información y las comunicaciones. Sobre la base de tecnologías materiales interconectadas (a distintas escalas geoespaciales), que operan sobre redes virtuales cada vez mas complejas y diseminadas, el trabajador virtual produce información sobre la base de información y produce comunicación sobre la base de la información producida. Si la ecuación del capitalismo industrial y de masas, en el registro marxista clásico era M+D+M en la economía virtual del siglo xxi la ecuación es: I+T+I=C (información más trabajo más información producen comunicación).

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La crisis de los paradigmas del cambio

PREFACIO.

Si hay un tópico que se repite en el plano académico y en la esfera política en el reciente primer decenio del siglo xxi, es el del cambio.

Todos los actores políticos y sociales, los medios y el campo académico especialmente desde el ámbito de las Ciencias Sociales, parecen girar más o menos cerca y en torno a la cuestión del cambio, tanto entendido como una necesidad imperiosa asumida por unos y otros, y también como un proceso  y tendencia que tiene lugar en la sociedad contemporánea.

Afirmamos que si la percepción del mundo social implica un acto de construcción simbólica y relacional que se manifiesta de un modo práctico mas allá de las representaciones mentales y sobre la base de un sentido más o menos agudo de la posición que cada uno y que cada actor social tiene en el espacio social, entonces también la idea y la puesta en práctica de la acción histórica que conduce o puede conducir al cambio social, implica también un agudo sentido de la realidad sociopolítica y del grado de exasperación colectiva que empuja hacia la movilización.

El cambio social como fenómeno colectivo complejo e histórico ocurre sobre y a partir de la movilización y activación de un conjunto de recursos, de factores y de actores con vocación histórica.

Podría afirmarse la paradoja que en medio de los profundos cambios sociales, tecnológicos, políticos y culturales que tienen lugar desde la fase final del siglo xx y el inicio del siglo xxi y cuyo contexto se ha denominado como la globalización o mundialización, es precisamente el tópico del cambio el problema central que se instala en el debate público, en la academia y en el espacio público, pero al mismo tiempo es un tópico cuyo significado epistemológico y hasta semántico parece haber ido perdiendo relevancia, profundidad y valor.

Asistimos a la crisis de los paradigmas del cambio, especialmente de aquellos proyectos globales de cambio social que movieron el mundo durante los siglos xix y xx, entendido este como un conjunto de transformaciones observables en el tiempo y que afecta de una manera continua y duradera a la estructura social y/o al modo de funcionamiento de la sociedad y del Estado y que modifica el curso de su historia.

Nuestro propósito aquí es desarrollar un conjunto de categorías de análisis sociológicas, geopolíticas y politológicas desde una perspectiva multidisciplinaria y prospectiva, para intentar comprender e interpretar los procesos de cambio social en curso, a partir de algunas premisas teórico-conceptuales: la primera, que para comprender los cambios en curso necesitamos centrarnos principalmente en el ser social, en las prácticas sociales, en los imaginarios colectivos.

Manuel Luis Rodríguez U., cientista político y sociólogo

Punta Arenas, Magallanes, primavera/verano de 2011.

LA CRISIS DE LOS PARADIGMAS DEL CAMBIO

El Estado en el siglo xxi: reflexiones y conceptos para un nuevo paradigma

En los inicios del siglo xxi, asistimos a una serie de manifestaciones, expresiones ciudadanas y estudios académicos que nos señalan mediante diversas señales e índices, la crisis ideológica y política del modelo de Estado subsidiario y neoliberal que se había propugnado en los últimos dos decenios del siglo pasado, como un paradigma estatal inamovible, único y definitivo.

La desmistificación del Estado liberal de mercado, vino tanto desde la creciente incapacidad del propio aparato estatal para responder a las demandas ciudadanas en medio de un notorio cambio socio-cultural, como del propio sistema económico con el que aquel se articula (en una formación socio-política histórica características), cuya crisis puso al descubierto que si ayer el Estado era presentado como el problema del subdesarrollo o del bajo crecimiento, hoy se constata que es el mercado el orígen del atraso y de las desigualdades sociales y económicas.

La crisis económica y financiera global en la que está sumida el sistema-planeta completo desde 2008 en adelante, ha puesto en entredicho el paradigma del Estado subsidiario neoliberal, como lo analizamos en nuestro artículo “El Estado de después de la crisis: vida, pasión y muerte de un paradigma”: http://paradygmas.blog.com/2009/09/30/el-estado-de-despues-de-la-crisis-vida-pasion-y-muerte-de-un-paradigma/

La noción ideológica de un Estado prescindente, subsidiario y ausente de la actividad productiva, ha hecho posible que el mercado se convierta en el eje central del proceso económico, en el criterio central de distribución de los beneficios e ingresos y en la lógica que aseguraría la igualdad, la justicia y la libertad para todos los ciudadanos. En el dilema Estado-mercado, el péndulo de la historia en los recientes tres decenios, llevó a la cuasi desaparición de servicios y empresas públicas a manos de gobiernos liberales y de políticas privatizadoras cuyo efecto principal -aunque no el único- ha sido ahondar las brechas sociales, culturales, de género y territoriales.

La problemática del Estado regresa entonces a la Ciencia Política contemporánea como una interpelación acerca de la eficacia y de los efectos sociales, políticos e institucionales de un tipo histórico de Estado.

Avanzamos entonces en estos primeros decenios del siglo xxi hacia una matriz socio-política y estatal en que se replantean totalmente los pilares conceptuales e ideológicos del Estado y del orden político. Aquel Estado subsidiario del siglo xx, entregado casi ciego y a manos atadas a la voracidad depredadora, y a la lógica conquistadora y excluyente de las fuerzas del mercado, no solo no puede seguir gobernando eficazmente las democracias instaladas bajo su alero ideológico, sino que la ciudadanía, no acepta y se resiste cada vez más a legitimar un orden político-institucional opaco, cerrado, vertical, piramidal, burocrático y centralizado.

Ha llegado la hora de las funerales del viejo Estado y ha sonado el tiempo en que por distintos caminos, por distintos senderos nacionales y regionales, las sociedades se darán el tiempo y la razón para construir un nuevo Estado.

OTRO ESTADO: NUEVOS PATRONES CONCEPTUALES DE REFERENCIA

Es posible otro Estado, en el que los ciudadanos ejerzan la plenitud de sus derechos y de sus deberes, en un contexto en que las identidades, los territorios y los grupos sociales tienen accesos y oportunidades para expresarse y para ver traducidas sus aspiraciones en políticas.

La gran transición que atravesarán los sistemas políticos en los siguientes decenios del siglo xxi será desde un Estado que fué convertido en “gerencia política del mercado”, a un Estado transformado en órgano de poder y participación de la ciudadanía. Se trata en general de pasar desde un Estado democrático predominantemente representativo a un Estado predominantemente participativo, a una república de los ciudadanos.

Para ello postulamos una reflexión orientada a conceptualizar un nuevo paradigma de Estado, en función de un conjunto de conceptos.

La calidad social

Condición de excelencia del servicio público y de sus prestaciones, en términos de que por encima de la rentabilidad económica y prespuestaria, se impone la solución de los problemas, la satisfacción del ciudadano y la resolutividad del servicio.

La eficiencia satisfactoria

La eficiencia del servicio público no es solamente hacer lo máximo posible con el mínimo de recursos, sino que se hace necesario pasar a un concepto en que la eficiencia del servicio y de la función pública esté directamente asociada con el grado de satisfacción-insatisfacción del ciudadano-usuario. El punto de partida y el punto final del servicio público y del Estado como administración, es el ciudadano y la respuesta satisfactoria que ambos brindan a sus necesidades y demandas.

La contraloría ciudadana

Un nuevo Estado supone una nueva forma de ciudadanía.

Se trata de pasar desde una ciudadanía pasiva a una ciudadanía que se involucra y que controla al Estado y la administración, a lo largo de todo el proceso administrativo. Ciudadanos que se informan, que disponen de información suficiente y transparente y que controlan organizada y socialmente todos los aspectos del ejercicio de la función pública.

La participación decisoria

Un nuevo Estado supone romper con la lógica clientelistica del Estado que informa a los ciudadanos pero que no los deja participar en los procesos de toma de decisiones, o que circunscribe la consulta a ambitos territoriales y sociales restringidos.

La participación decisoria implica la intervención y el involucramiento de los ciudadanos organizados en los procesos de toma de decisiones, lo que modifica en profundidad el concepto y el ejercicio de la función pública.

El servicio situacional y multifuncional

Un Estado moderno creemos que supone que el servicio público puede orientarse hacia una modalidad de funcionamiento y de ejercicio de la función pública, orientada al ciudadano-beneficiario de un modo situacional, es decir, ubicado espacial y temporalmente allí donde los problemas se manifiestan y donde las necesidades sociales lo requieren y conforme a lógicas administrativas multifuncionales, de manera que el servicio público sea realizado por equipos provenientes de distintos servicios cuya interdependencia hace posible una resolución más eficiente y rápida de los problemas y demandas ciudadanas.

La accesibilidad resolutiva

En un contexto sociocultural caracterizado por la creciente incorporación de las TICs a los procesos sociales y políticos y por una socialización cada vez mas masiva de los lenguajes computacionales e informacionales, creemos que la electronización de servicios, funciones, productos y bienes provenientes del Estado y los servicios, puede contribuir a facilitar una accesibilidad resolutiva de los ciudadanos.

Entendemos accesibilidad resolutiva como el concepto de servicio público directo e interactivo en que el ciudadano encuentra una respuesta eficaz y una resolución objetiva de sus demandas y necesidades.

Manuel Luis Rodríguez U.

El hombre unidimensional – Sesenta años después

PROLOGO

Este ensayo presenta un análisis crítico desde una perspectiva multidisciplinaria, de las teorías de Herbert Marcuse vigentes en los años sesenta del siglo xx, especialmente de su libro “El hombre unidimensional”, al tiempo que se examina su actualidad y pertinencia. Marcuse se manifestó como uno de los principales teóricos e ideólogos que inspiraron las manifestaciones estudantiles de Mayo de 1968 en Francia, en Alemania, en Italia, en Estados Unidos y en numerosas naciones del Tercer Mundo.  A su vez también, las revueltas estudiantiles de fines de los sesenta, articuladas en Occidente con la revolución hippie, coincidieron con la primavera de Praga en 1969.

¿Es Marcuse un precursor de los procesos de cambio históricos de la segunda mitad del siglo XX?  ¿Cuál es el grado de actualidad que tienen hoy sus posturas críticas contra la dominación capitalista?

Manuel Luis Rodríguez U.

Punta Arenas, Magallanes (Patagonia sin represas), primavera de 2011.

INTRODUCCIÓN

En 1954 vio la luz en Boston el libro “One-dimensional man” (El hombre unidimensional) de Herbert Marcuse,  sin saber que una década más tarde se convertiría en una de las chispas intelectuales que encendería las facultades universitarias y las barricadas de calles en numerosos países occidentales y del bloque socialista.

Una lectura crítica de esta obra de Marcuse, nos permite re-interpretar sus conceptos principales, a la luz de los cambios sociales, políticos y tecnológicos sucedidos en la segunda mitad del siglo xx, mutaciones que alcanzan la primera década del siglo xxi recién transcurrida. Sustentamos la hipótesis que la actualidad de Marcuse se apoya precisamente en la profundidad de su interpretación del capitalismo moderno y su poderosa capacidad de adaptarse a los cambios que el mismo sistema produce.

I.  LAS TRES TESIS BÁSICAS DE MARCUSE

Marcuse, situado en la perspectiva crítica de la Escuela de Francfort, postulaba entonces que el universo político, social e ideológico de la sociedad industrializada (el libro se refiere en primer lugar a la sociedad estadounidense), se constituye en un mundo cerrado y total, que permite incluso disidencias y rebeliones, pero que no ofrecen salida fuera del sistema capitalista desde el cual surgen.

Tres son las tesis que sustentaba Marcuse en esta obra:

1° la idea que el orden capitalista ha conseguido construir un mundo material y simbólico semicerrado y totalizador que impone a todos los individuos una visión única de la realidad;

2° el concepto que el capitalismo funciona como una poderosa maquinaria mercantilista productora de necesidades artificiales, que atrapa todas las utopías y los deseos y los convierte en necesidades y en productos, es decir, la cosificación de las personas y los objetos; y

3° la idea que el cambio social o sea la revolución, a lo menos en las sociedades desarrolladas del capitalismo moderno, no se producirá por la clase obrera (por su arraigo y compromiso con el propio sistema productivo) sino por otros actores sociales marginales y más conscientes de su lugar subordinado.

II.  LA CRITICA A LA SOCIEDAD OPULENTA

Desde el punto de vista ideológico y político, la crítica central de Marcuse apuntaba a un sistema económico y tecnológico de industrialización, que convierte al ser humano en un esclavo de las máquinas, en un sujeto dependiente de la tecnología, convirtiendo sus necesidades en deseos de consumo, sublimando sus sueños en la compra de bienes y servicios dentro del orden capitalista que lo mantiene atrapado, con frecuencia sin saberlo.  No cabe dudas que la crítica formulada en contra del productivismo competitivo, apunta también sobre el sistema socialista soviético, por entonces vigente en la mitad oriental de Europa.

Pero la crítica de Marcuse contra el capitalismo dominante es fundamentalmente ideológica, es decir, se dirige a la consciencia de los individuos, cuando dice:

“Su promesa suprema es una vida cada vez mas confortable para un numero cada vez mayor de gentes que, en un sentido estricto, no pueden imaginar un universo del discurso y de la acción cualitativamente diferente, porque la capacidad de contener y manipular los esfuerzos y la imaginación subversivos es una parte integral de la sociedad dada.” (Marcuse, H.: El hombre unidimensional.  Barcelona, 1968. Seix Barral, p. 54)

La punta de lanza ideológica de esta normalización de los individuos al interior del sistema capitalista, es la Administración convertida en ciencia de la rentabilización de la producción: de la producción de materiales, de servicios y de personas. La administración no opera solo como una ciencia del control y de la regimentación de los individuos dentro del trabajo, sino también como una estructura “racional” de dominación y control y como una ideología legitimadora del orden capitalista que se impone a los individuos al interior de la vida laboral y que repercute sobre la vida doméstica y la salud mental de cada uno.

Lo que es falso en el materialismo capitalista no es el materialismo en cuanto inclinación a las cosas, sino que dicho materialismo oculta y encubre una falta de libertad y un fetichismo total por la mercancía, tal como lo anticipaba Marx en El Capital.   La satisfacción de las necesidades de consumo se convierte en el patrón decisivo y significativo del éxito y de la realización individual.

Lo que acusa Marcuse es que la mercancía (es decir, todas las mercancías que presenta el mercado), se han convertido en fetiches que ocultan la verdadera realidad que representan, una realidad desigual que se nos oculta cuando concurrimos al mercado.  En palabras de Marx:

Por el contrario, la forma de mercancía y la relación de valor entre los productos del trabajo en que dicha forma [89] se representa, no tienen absolutamente nada que ver con la naturaleza física de los mismos ni con las relaciones, propias de cosas, que se derivan de tal naturaleza. Lo que aquí adopta, para los hombres,la forma fantasmagórica de una relación entre cosas, es sólo la relación social determinada existente entre aquéllos.” (Marx, C.: El Capital. Cap.I. La mercancía.  El fetichismo de la mercanía y su secreto. México, 2000. FCE. p. 37)

La cosificación de los objetos es la alienación de las personas antes las cosas, pero ésta cosificación oculta la diferencia social que existe entre los productores de las cosas.

Pero al mismo tiempo, en la sociedad capitalista -observamos nosotros- subyace y se despliega una ideología de la competencia, un elogio constante y un uso intensivo desde la escuela y el liceo, de una mentalidad competitiva, que procura que todo individuo esté permanentemente en competencia contra los demás y consigo mismo, en competencia por vencer, por predominar, por llegar primero, por alcanzar el éxito.  Se trata de un verdadero darwinismo social instalado en las mentes de las personas.  Este espíritu competitivo destruye sentimientos, relaciones humanas, instintos y sentimientos, en aras de obtener una ventaja, un puesto, un cargo, un producto, un lugar, un triunfo.

Marcuse contrapone al orden capitalista dominante la fuerza del amor, de los sentimientos no sublimados y de los valores estéticos, criticando de paso y formulando…

“… la negación del heroismo, de la fuerza provocadora, de la brutalidad de la productividad acumuladora de trabajo, de la violación comercial de la naturaleza…” (Marcuse, op. cit, p. 10).

En el orden de la sociedad dominante, Marcuse ve un sistema cerrado y aunque confía en la rebelión de los jóvenes (única reserva generacional no contaminada por el mercantilismo), asume que su rebelión instintiva y política necesita de un poder material.

III.  LA CRÍTICA DE LA CRÍTICA

Marcuse sitúa su reflexión crítica en una perspectiva que cuestiona a las fuerzas políticas y sociales del cambio situadas dentro del campo de la izquierda y del mrxismo.  Marcuse, cuya identidad filosófica le permitió ser parte de la Oficina de Asuntos Estratégicos en EEUU durante la II Guerra Mundial, se posiciona en un punto equidistante entre la “vieja izquierda” y la “nueva izquierda”, señalando que lo que distingue a una de otra, es la desconfianza generalizada hacia las ideologías (hacia todas las ideologías), es la ausencia de una definición de clase en su postura filosófica y política y en su condición de intelectual confrontado ante el mundo social y obrero.

Habría que subrayar aquí que la crítica radical contra todas las ideologías, contiene oculta, una crítica a las ideologías revolucionarias, a las ideologías que proponen el cambio social del sistema dominante, del mismo modo como la crítica anti-ideológica anticipa la crítica a la política y  los políticos, de la que son portadores ciertos políticos.

A su vez, la crítica a la razón administrativa, no es todavía una crítica a la razón misma, como mitad incompleta de la existencia humana, cercenada del sentimiento, de las emociones, de la naturaleza y de la humanidad integral.

Por lo tanto, la crítica de Marcuse al capitalismo se produce y se manifiesta como una teoría crítica socialmente situada dentro de las capas intelectuales de la sociedad, desde las clases medias, portadoras por lo tanto, de una profunda distancia respecto de la realidad de los trabajadores, es decir, de quienes producen la riqueza social y económica.  Los problemas centrales del capitalismo que percibe Marcuse, no son los problemas centrales que viven los trabajadores, los empleados, los obreros, sino que se situan en la esfera del segmento más intelectualizado y mediatizado de la fuerza laboral.

De allí que la crítica de Marcuse a la sociedad capitalista no parte desde los fundamentos socio-económicos y materiales del modo de producción capitalista y del modelo de desarrollo capitalista, sino desde sus efectos nocivos en la esfera ideológica, cultural, simbólica.  Marcuse parte desde la superestructura ideológica y cultural para tratar de entender la base económica de una formación social determinada.

Las “fuerzas de la negación” que propone Marcuse sin embargo, no están en la clase trabajadora, no están en la fuerza laboral de la que depende la producción material y simbólica en la sociedad actual, sino en los segmentos sociales más desheredados y marginados.  La clase trabajadora se ha integrado en el sistema capitalista volviéndose acomodaticia y aburguesada, luego las fuerzas del cambio según Marcuse no están en los trabajadores sino en los intelectuales, en los marginados, en los jóvenes, es decir en sectores y categorías sociales que no participan directamente de los procesos productivos.

Marcuse pertenece a los cincuenta y los sesenta, pero al tiempo que su crítica al capitalismo moderno contiene ideas pertinentes y justas, no encaja completamente con el período de cambios sociales post-modernos que caracteriza a las primeras décadas del siglo xxi.   Los cambios tecnológicos, sociales y políticos ocurridos en estos recientes decenios impactan sobre el trabajo, la educación, la economía y los intercambios, ampliando la esfera geográfica y la escala de los procesos productivos y de intercambio y modificando el universo material y simbólico de los individuos, acentuando la alienación y la indignación colectiva, agravando el control social y subjetivo y su dependencia de las tecnologías.

La época de Marcuse era de la guerra fría; la época contemporánea del segundo decenio del siglo xxi es el tiempo de las grandes crisis planetarias: energética, alimentaria, financiera, ecológica, ocasionadas por la expansión desenfrenada del capitalismo pre y post-industrial frente a las cuales la conciencia global y la ciudadanía planetaria todavía no termina de constituirse.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Bidet, J.: Refundación del marxismo. Explicación y reconstrucción de El Capital. Santiago, 2007.  Ed. LOM.

Larrain, J.: El concepto de ideología.  Vol. I. Santiago, 2007.  Ed. LOM.

Mallet, S.: Marcuse ante sus críticos.  México, 1970.  Edit. Grijalbo.

Marcuse, H.: El hombre unidimensional. Ensayo sobre la ideología en la sociedad industrial avanzada. Barcelona, 1970.  Edit. Seix Barral.

Marx, C.: El Capital.  Crítica de la Economía Política.  Vol. I.  México, 2000. Edit. Fondo de Cultura Económica.

Poulantzas, N.: Pouvoir politique et classes sociales de l’Etat capitaliste.  Paris, 1968.  Ed. F. Maspero.