Democracia, ciudadanía y regionalización

 Desde los orígenes de la Repúblicay desde la formación de los territorios extremos de la nación en la segunda mitad del siglo xix, la demanda regionalista forma parte del patrimonio político y cultural de ciudades y localidades que se vieron enfrentados históricamente a un paradigma centralista.

 En los inicios del siglo xxi y en medio de una profunda transformación sociocultural producto de la globalización de los intercambios, el sentimiento regionalista y la demanda de regionalización, descentralización y desconcentración se han instalado en la agenda política, como una de las tareas políticas e institucionales estratégicas pendientes para Chile.

 El problema político, cultural e institucional crucial que aqueja hoy al Estado de Chile, sigue siendo el de la creciente polaridad territorial, desigualdad socio-económica y asimetría administrativa y política entre  una capital macrocefálica y un conjunto desigual de regiones y comunas que no alcanzan los niveles de desarrollo y crecimiento.

 La modernidad opera en el territorio nacional como una serie de oleadas sucesivas de progreso material que van llegando a las regiones y comunas mas alejadas, como ideas, significados, avances, proyectos y progresos repetidos que copian patrones culturales y de gestión probados en el centro capitalino del territorio.

 Al mismo tiempo, la asimetría “centro-periferia” se repite al interior de las regiones del país, donde la capital regional tiende a absorber población, recursos, inversiones e iniciativas, en desmedro de las comunas rurales y los territorios apartados.

 Al centralismo territorial se añade la ausencia de la sociedad civil dentro del aparato del Estado.  Chile experimenta un vacío existencial en su sistema político: las instituciones del orden político vigente han sido creadas como si la ciudadanía organizada no existiera o estuviera constituida por menores de edad cívicos y si se otorgan espacios de discusión y de diálogo, éstos resultan más por una concesión graciosa de la autoridad o el resultado forzado de la presión social y ciudadana. 

 El aparato estatal y administrativo chileno está concebido como un enorme edificio institucional en el que la participación es ocasional y marginal, porque la ciudadanía no tiene ningún espacio para intervenir en los procesos de toma de decisiones.

 El concepto de participación que predomina en el orden político chileno actual es el de informar a la ciudadanía de las decisiones tomadas por los que están en el poder, sin que los ciudadanos tengan oportunidad de tomar parte en la toma de decisiones de los asuntos públicos que le conciernen.  A los ciudadanos se les pregunta si desean pavimentar sus veredas, pero no se les pregunta el tipo de sistema educacional o el modelo de Constitución por el que prefieren regirse.

 Chile adolece de un centralismo administrativo y político –del cual las regiones extremas son víctimas preferenciales- pero también sufre de un centralismo corporativo, donde las empresas prefieren instalar sus casas matrices en la capital del país.

 Los desafíos futuros de la regionalización en Chile, como en muchos otros Estados latinoamericanos, dependen tanto del fortalecimiento de las atribuciones, facultades y recursos a disposición de gobiernos regionales y locales fuertes, como de la transformación de la descentralización en un componente político de las instituciones, mediante la más amplia participación ciudadana a la hora de la toma de decisiones.  Se trata de democratizar las regiones (asambleas, consultas, elegibilidad y revocabilidad de las autoridades, plebiscitos) y de regionalizar la democracia (servicios públicos regionales, impuestos regionales…).

Manuel Luis Rodríguez U.

¿Calidad o excelencia universitaria?

En el debate público sobre la educación universitaria y secundaria en Chile, ha venido pasando como contrabando conceptual e ideológico el concepto de calidad.  Se habla entonces, con frecuencia con demasiada liviandad, de calidad universitaria como si la educación superior pudiera asemejarse a la calidad y como si la educación univeritaria y los procesos académicos pudieran compararse con productos o servicios industriales y económicos.  Un extensa bibliografía ha logrado construir a lo largo de un siglo una amplia tipología de la calidad, aplicada a los más diversos procesos productivos y de servicios, al interior de una estructura industrial y de una economía de mercado.

ALGUNAS INTERROGACIONES SOBRE LA CALIDAD

La calidad aparece y tiene su orígen como un concepto proveniente desde el campo discplinario de la administración de empresas.  La apropiación cultural del concepto de calidad, ha sido un proceso paulatino, progresivo y expansivo, desde EEUU y Japón inicialmente acerca de la gestión de las empresas y corporaciones, hacia otros campos del desempeño productivo.

Una pregunta estratégica que debiera estar presente en este debate, es saber si el complejo problema educacional universitario y el mejoramiento de los procesos académicos a las que aluden las demandas estudiantiles y ciudadanas en el Chile de hoy, pasa por las diferencias existentes entre la noción de calidad o la noción de excelencia.

Creemos que debemos cuestionarnos la noción de calidad con la que se pretende analizar el proceso académico en una universidad.

¿El proceso académico que tiene lugar al interior de una universidad, es un proceso productivo, industrial?  ¿Los profesores y académicos son acaso individuos productores o factores productivos dentro de una usina y, por lo tanto, los alumnos universitarios son clientes de un mercado?  ¿Un alumno universitario egresado con altas calificaciones es un “producto de buena calidad”? ¿Un alumno universitario que se conforma con las notas mínimas para aprobar (4.0), sería entonces un “producto de mala calidad”?   ¿La sala de clases o el aula es una unidad productiva dentro de una industria?  ¿Cómo podrían medirse los niveles de rendimiento de una asignatura universitaria, el aprendizaje de un alumno o los efectos multiplicadores de un proyecto de investigación desde el punto de vista de su productividad?  ¿Bastaría con una serie de mediciones cuantitativas?  ¿Una asignatura de Etica Profesional… es productiva?

Debajo del concepto de calidad, subyace un fundamento ideológico definido.

Solo una poderosa matriz ideológica economicista y neoliberal, ha logrado hacer pasar este  sutil y formidable “contrabando ideológico” proveniente de las entrañas del capitalismo industrial estadounidense (Taylor, Ford, Edwards, Shewhart, Deming, Pearson) y japonés (Koyanagi, Ishikawa, Misuno, Asaka), a principios del siglo XX, que tiene por  contenido principal y propósito la fijación y la aplicación de un conjunto de estándares de administración, de recursos y tecnología que mejoren el proceso productivo y sus resultados o productos.

¿Es posible introducir coherentemente los criterios y estándares de la calidad productiva, a los procesos académicos y universitarios en los cuales el contenido principal son la producción, investigación y transmisión de conocimientos?

¿Son siempre completamente medibles y cuantificables las dimensiones cualitativas del proceso educativo universitario: la motivación, la voluntad y las ganas de aprender, la perseverancia, la lealtad, la probidad, la resiliencia…?

EXCELENCIA ACADÉMICA

En cambio, el concepto de excelencia universitaria, traduce una concepción efectivamente académica del proceso educativo dentro de una casa de estudios superiores, que supone el establecimiento de estándares crecientes de exigencias en el aprendizaje y en el conjunto del proceso de la enseñanza.

Hay que subrayar esta noción: la educación no es un acto único, no es un hecho que sucede en un espacio social o cultural fijo, único y determinado: la educación -desde una perspectiva sociológica- es un proceso, es una secuencia compleja de acciones que ponen en movimiento a un conjunto de estructuras y sistemas, de manera que lo que ocurre, por ejemplo, dentro del aula, es a la vez el resultado y el punto de partida del funcionamiento complejo de una estructura académica, administrativa, financiera, logística y tecnológica que sustenta la acción pedagógica que ocurre en la sala de clases.

La excelencia educacional universitaria ha sido definida mediante el concepto según el cual:  “…en relación con el educando individual, excelencia significa un desempeño realizado al máximo de la habilidad individual en modos que ponen a prueba los límites máximos personales en las escuelas y en el lugar de trabajo. En relación con las instituciones educativas, excelencia caracteriza a la universidad que establece altas o ambiciosas expectativas y metas para todos los educandos y luego trata en toda forma posible de ayudar a los estudiantes a alcanzarlas.” (National Comission on Excellence in Education. A Nation at Risk: The imperative for Education Reform. EEUU, Washington, 1983. The Cronicle for Higher Education).

Nos parece relevante poner el acento en el concepto de “poner a prueba los límites máximos personales” del alumno, que propone esta definición: ello significa que el alumno debe sentir, entender y asumir que el esfuerzo que se le va a exigir para que aprenda, que los recursos intelectuales que el profesor va a poner en juego en la sala de clases y en todo el proceso de aprendizaje, y que los estándares de exigencia y de evaluación que va a construir y aplicar la universidad, están dirigidos a “poner a prueba los límites  máximos personales” del estudiante, y no se debiera aceptar la medianía, la mediocridad, la copia o el mínimo esfuerzo posible.

Si queremos calidad, debemos rendir el máximo y la máxima calidad posible; y si queremos excelencia, debemos ser excelentes en la enseñanza, por un lado, y en el aprendizaje, por otro lado.  Así, la “regla de oro” de la excelencia académica podría ser que solo alumnos excelentes merecen profesores excelentes, y solo excelentes profesores merecen excelentes alumnos.  Pero ni la calidad ni la excelencia son criterios de discriminación, sino que de inclusión positiva exigente.

La Declaración Mundial de la UNESCO sobre la educación superior, de 1998, propone como misión de la universidad:

“a) formar diplomados altamente cualificados y ciudadanos responsables, capaces de atender a las necesidades de todos los aspectos de la actividad humana, ofreciéndoles cualificaciones que estén a la altura de los tiempos modernos, comprendida la capacitación profesional, en las que se combinen los conocimientos teóricos y prácticos de alto nivel mediante cursos y programas que estén constantemente adaptados a las necesidades presentes y futuras de la sociedad;

b) constituir un espacio abierto para la formación superior que propicie el aprendizaje permanente, brindando una óptima gama de opciones y la posibilidad de entrar y salir fácilmente del sistema, así como oportunidades de realización individual y movilidad social con el fin de formar ciudadanos que participen activamente en la sociedad y estén abiertos al mundo, y para promover el fortalecimiento de las capacidades endógenas y la consolidación en un marco de justicia de los derechos humanos, el desarrollo sostenible la democracia y la paz;

c) promover, generar y difundir conocimientos por medio de la investigación y, como parte de los servicios que ha de prestar a la comunidad, proporcionar las competencias técnicas adecuadas para contribuir al desarrollo cultural, social y económico de las sociedades, fomentando y desarrollando la investigación científica y tecnológica a la par que la investigación en el campo de las ciencias sociales, las humanidades y las artes creativas;

d) contribuir a comprender, interpretar, preservar, reforzar, fomentar y difundir las culturas nacionales y regionales, internacionales e históricas, en un contexto de pluralismo y diversidad cultural;

e) contribuir a proteger y consolidar los valores de la sociedad, velando por inculcar en los jóvenes los valores en que reposa la ciudadanía democrática y proporcionando perspectivas críticas y objetivas a fin de propiciar el debate sobre las opciones estratégicas y el fortalecimiento de enfoques humanistas;

f) contribuir al desarrollo y la mejora de la educación en todos los niveles, en particular mediante la capacitación del personal docente.” (UNESCO, La educación superior en el siglo xxi, visión y acción, Paris, 1998).

Un concepto de excelencia académica supone, por lo tanto, la aplicación de los más altos niveles de exigencia y estándares hacia todos los actores que intervienen en el proceso educativo universitario, desde el aula hasta la sala de exámenes, desde la teoría hasta las prácticas: exigencia y rigor para que los alumnos aprendan cada vez más y mejor, exigencia y rigor para que los profesores enseñen, exigencia y rigor para que los procesos académicos y administrativos sean conocidos y funcionen.

No es posible entender por lo tanto la excelencia sólo como una práctica docente (es decir, relativa a la función educadora de los profesores y docentes), sino tambien como un conjunto de exigencias a las que debe someterse el estudiante para probar su aprendizaje y para demostrar que merece ser promovido.  La excelencia académica en la universidad, es un atributo exigible a todos los que concurren al “acto educativo”, tanto directa como indirectamente:  alumnos, profesores, administrativos y directivos, siempre entendiendo que “yo exijo, porque me exijo“.

Manuel Luis Rodríguez U.

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Para saber más:

HISTORIA DEL CONCEPTO DE CALIDAD

concepto calidad educación universitaria

Calidad de los informativos y calidad de la televisión

La cuestión de la calidad de los informativos de los grandes canales de la televisión nacional, ha venido surgiendo y reapareciendo con frecuencia en el debate público en el país, tanto por la percepción que tienen los ciudadanos-espectadores respecto de los contenidos, como de la opinión expresada por actores relevantes de la opinión pública acerca de su calidad.

Pero, ¿qué es calidad de los informativos en la televisión? ¿Cuáles son los criterios mediante los cuales se puede medir la calidad de un informativo televisivo?  Ciertamente, esos criterios deben relacionarse con las condiciones culturales de los públicos y con la orientación editorial de los propios medios donde tienen lugar los informativos.

En la literatura científica y especializada, los criterios principales -aunque no los únicos- para determinar la calidad de un informativo de la televisión, responderían a las siguientes cuatro preguntas:

¿Qué tipo de información sobre su entorno se le da al espectador?

¿Existe pluralidad de voces y de versiones se presentan en cada noticia?

¿La información es comprensible para el espectador? -

¿Existe separación clara en cada noticia entre información, publicidad y propaganda?

Manuel Luis Rodríguez U.

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Para saber más:

CRITERIOS EVALUACION CALIDAD INFORMATIVOS TELEVISION

EL TELEESPECTADOR CRITICO

ESTANDARES DE CALIDAD EN TELEVISION Y SU VALORACION

¿Mayo de 1968 o la “primavera chilena”?

En una conferencia ante el colectivo estudiantil (Acción Libertaria Estudiantil A.L.E.) de la UMAG me preguntaban los estudiantes por las similitudes y diferencias existentes entre las manifestaciones estudiantiles de mayo del 68 y la actual “primavera chilena”.

Y les señalaba que la principal diferencia –aunque no la única- entre ambos momentos sociales históricos era el profundo conflicto generacional entre jóvenes y adultos que se dio en aquella época, cuando los jóvenes (cientos de miles y acaso millones de jóvenes rebeldes) nos fuimos del hogar familiar, rompiendo casi completamente con la figura paterna, con la dominación hogareña, con la dependencia con nuestros mayores, y buscando por nuestros propios caminos nuestra autonomía y libertad.  En los años 60 el conflicto generacional –desencadenado por la cultura hippie- se convirtió en conflicto político y antisistémico.

Mayo del 68, como metáfora y como acción colectiva de ruptura y crítica social, política y cultural con el capitalismo (Francia, EE.UU., Europa Occidental, América Latina…) y el comunismo de la época (Checoeslovaquia), no se repite ni aparece en el presente en la revolución de los indignados, donde la crítica al capitalismo globalizado se acompaña con prácticas de integración dentro del sistema.  Pero, además, la revuelta hippie de los sesenta significó también los inicios de la liberación femenina, de los movimientos ecologistas y pacifistas y de un profundo cambio cultural de larga duración cuyos efectos nos llegan al presente, como ecos lejanos.

Hoy en cambio los jóvenes, es decir, la generación de los 18-25, parecen no estar dispuestos a emanciparse de sus padres ni viven en conflicto generacional con la generación adulta anterior: su conflicto principal, siendo cada vez más un conflicto político e ideológico, es con el sistema educacional y con el sistema laboral.  Hoy día los jóvenes critican justamente el sistema de dominación, pero la mayoría lucha para integrarse en el sistema, no para cambiarlo.

MLR

Violencia y educación en el siglo de la globalización

La educación es uno de los tópicos centrales del debate en el espacio público actual, en la sociedad contemporánea.   No es un tema que tensiona solamente a la sociedad chilena, sino que abarca  a todos los países donde ha predominado un modo neoliberal de desarrollo.  Y este debate presenta distintas aristas o puntos de enfoque, según los intereses de los interlocutores del debate o según la agenda en discusión.

Este ensayo presenta un análisis sociológico y politológico acerca de la relación entre violencia y educación en la sociedad actual, como contribución intelectual y ponencia al seminario “Educación y violencia” organizado por el colectivo ALE (Acción Libertaria Estudiantil)  dela Universidad de Magallanes.

VIOLENCIA Y EDUCACION EN EL SIGLO DE LA GLOBALIZACIÓN

Elogio de la razón en tiempos de indignación

La indignación sucede como una forma de toma de conciencia, es el segundo momento después que el individuo sometido comprende que está no solamente en una cúspide de una oleada de movimientos ciudadanos, sociales y culturales de protesta, sino que asiste a la exteriorización de una conciencia crítica frente a un sistema que opera como una gigantesca y compleja maquinaria de fabricación de desigualdades, de un enorme sistema que funciona sobre la base de la asimetría como realidad irreemplazable, del lucro como forma legítima de aprovechamiento y del dinero como recurso desigualador.

En el centro de esta época indignada, está la razón, está el ejercicio constante y perseverante de la razón como expresión de la conciencia humana, como manera de ver y de comprender el mundo, pero sobre todo, como manera de pensar que el mundo es posible cambiarlo.  No hay razón indignada si no hay razón del futuro, si no hay razón para el cambio, con toda la fuerza del sentimiento y con toda la intensidad de la pasión.

La razón entonces es hoy toma de conciencia, condición reflexiva y dialogante para tomar conciencia, para conocer, para saber, para pensar la realidad y para cambiar la realidad.  La razón crítica cuestiona y apunta a la razón del cambio, porque solo el cambio transforma la razón y realiza la crítica.  MLR

El tiempo como espiral que gira

La tradición judeo-cristiana que llegó mediante la colonización hispana a América Latina, instaló en nuestras mentes, en nuestra cotidianeidad y en nuestros subsconscientes, la idea del tiempo que se instala en la realidad como una línea contínua que transcurre desde el pasado, pasando por el presente y siguiendo hacia el futuro.  Es probable que la linealidad del tiempo judeo-cristiano esté asociada a la búsqueda existencial de certezas y a la necesidad imperiosa de control del ser humano sobre los procesos naturales e históricos.

Existen sin embargo otras tradiciones y visiones del tiempo, asociadas a cada cultura, a cada cosmovisión.

El paradigma del tiempo como una espiral que gira constantemente, hace alusión, en cambio, a la idea que los ciclos naturales se repiten ad-infinitum.

Al relativizarse la noción predominante del tiempo, nos vemos inclinados a pensar que el tiempo es un constructo, un constructo social y cultural, un constructo mental históricamente determinado.

Pero, ¿cuántas formas de tiempo existen?  Desde el tiempo cronológico hasta el tiempo secular, encontramos también el tiempo mental, como reloj crono-biológico y psicológico.

(ensayo en construcción)

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Manuel Luis Rodríguez U.