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LECTURAS CRÍTICAS, REFLEXION CRITICA

El hombre unidimensional – Sesenta años después

PROLOGO

Este ensayo presenta un análisis crítico desde una perspectiva multidisciplinaria, de las teorías de Herbert Marcuse vigentes en los años sesenta del siglo xx, especialmente de su libro “El hombre unidimensional”, al tiempo que se examina su actualidad y pertinencia. Marcuse se manifestó como uno de los principales teóricos e ideólogos que inspiraron las manifestaciones estudantiles de Mayo de 1968 en Francia, en Alemania, en Italia, en Estados Unidos y en numerosas naciones del Tercer Mundo.  A su vez también, las revueltas estudiantiles de fines de los sesenta, articuladas en Occidente con la revolución hippie, coincidieron con la primavera de Praga en 1969.

¿Es Marcuse un precursor de los procesos de cambio históricos de la segunda mitad del siglo XX?  ¿Cuál es el grado de actualidad que tienen hoy sus posturas críticas contra la dominación capitalista?

Manuel Luis Rodríguez U.

Punta Arenas, Magallanes (Patagonia sin represas), primavera de 2011.

INTRODUCCIÓN

En 1954 vio la luz en Boston el libro “One-dimensional man” (El hombre unidimensional) de Herbert Marcuse,  sin saber que una década más tarde se convertiría en una de las chispas intelectuales que encendería las facultades universitarias y las barricadas de calles en numerosos países occidentales y del bloque socialista.

Una lectura crítica de esta obra de Marcuse, nos permite re-interpretar sus conceptos principales, a la luz de los cambios sociales, políticos y tecnológicos sucedidos en la segunda mitad del siglo xx, mutaciones que alcanzan la primera década del siglo xxi recién transcurrida. Sustentamos la hipótesis que la actualidad de Marcuse se apoya precisamente en la profundidad de su interpretación del capitalismo moderno y su poderosa capacidad de adaptarse a los cambios que el mismo sistema produce.

I.  LAS TRES TESIS BÁSICAS DE MARCUSE

Marcuse, situado en la perspectiva crítica de la Escuela de Francfort, postulaba entonces que el universo político, social e ideológico de la sociedad industrializada (el libro se refiere en primer lugar a la sociedad estadounidense), se constituye en un mundo cerrado y total, que permite incluso disidencias y rebeliones, pero que no ofrecen salida fuera del sistema capitalista desde el cual surgen.

Tres son las tesis que sustentaba Marcuse en esta obra:

1° la idea que el orden capitalista ha conseguido construir un mundo material y simbólico semicerrado y totalizador que impone a todos los individuos una visión única de la realidad;

2° el concepto que el capitalismo funciona como una poderosa maquinaria mercantilista productora de necesidades artificiales, que atrapa todas las utopías y los deseos y los convierte en necesidades y en productos, es decir, la cosificación de las personas y los objetos; y

3° la idea que el cambio social o sea la revolución, a lo menos en las sociedades desarrolladas del capitalismo moderno, no se producirá por la clase obrera (por su arraigo y compromiso con el propio sistema productivo) sino por otros actores sociales marginales y más conscientes de su lugar subordinado.

II.  LA CRITICA A LA SOCIEDAD OPULENTA

Desde el punto de vista ideológico y político, la crítica central de Marcuse apuntaba a un sistema económico y tecnológico de industrialización, que convierte al ser humano en un esclavo de las máquinas, en un sujeto dependiente de la tecnología, convirtiendo sus necesidades en deseos de consumo, sublimando sus sueños en la compra de bienes y servicios dentro del orden capitalista que lo mantiene atrapado, con frecuencia sin saberlo.  No cabe dudas que la crítica formulada en contra del productivismo competitivo, apunta también sobre el sistema socialista soviético, por entonces vigente en la mitad oriental de Europa.

Pero la crítica de Marcuse contra el capitalismo dominante es fundamentalmente ideológica, es decir, se dirige a la consciencia de los individuos, cuando dice:

“Su promesa suprema es una vida cada vez mas confortable para un numero cada vez mayor de gentes que, en un sentido estricto, no pueden imaginar un universo del discurso y de la acción cualitativamente diferente, porque la capacidad de contener y manipular los esfuerzos y la imaginación subversivos es una parte integral de la sociedad dada.” (Marcuse, H.: El hombre unidimensional.  Barcelona, 1968. Seix Barral, p. 54)

La punta de lanza ideológica de esta normalización de los individuos al interior del sistema capitalista, es la Administración convertida en ciencia de la rentabilización de la producción: de la producción de materiales, de servicios y de personas. La administración no opera solo como una ciencia del control y de la regimentación de los individuos dentro del trabajo, sino también como una estructura “racional” de dominación y control y como una ideología legitimadora del orden capitalista que se impone a los individuos al interior de la vida laboral y que repercute sobre la vida doméstica y la salud mental de cada uno.

Lo que es falso en el materialismo capitalista no es el materialismo en cuanto inclinación a las cosas, sino que dicho materialismo oculta y encubre una falta de libertad y un fetichismo total por la mercancía, tal como lo anticipaba Marx en El Capital.   La satisfacción de las necesidades de consumo se convierte en el patrón decisivo y significativo del éxito y de la realización individual.

Lo que acusa Marcuse es que la mercancía (es decir, todas las mercancías que presenta el mercado), se han convertido en fetiches que ocultan la verdadera realidad que representan, una realidad desigual que se nos oculta cuando concurrimos al mercado.  En palabras de Marx:

Por el contrario, la forma de mercancía y la relación de valor entre los productos del trabajo en que dicha forma [89] se representa, no tienen absolutamente nada que ver con la naturaleza física de los mismos ni con las relaciones, propias de cosas, que se derivan de tal naturaleza. Lo que aquí adopta, para los hombres,la forma fantasmagórica de una relación entre cosas, es sólo la relación social determinada existente entre aquéllos.” (Marx, C.: El Capital. Cap.I. La mercancía.  El fetichismo de la mercanía y su secreto. México, 2000. FCE. p. 37)

La cosificación de los objetos es la alienación de las personas antes las cosas, pero ésta cosificación oculta la diferencia social que existe entre los productores de las cosas.

Pero al mismo tiempo, en la sociedad capitalista -observamos nosotros- subyace y se despliega una ideología de la competencia, un elogio constante y un uso intensivo desde la escuela y el liceo, de una mentalidad competitiva, que procura que todo individuo esté permanentemente en competencia contra los demás y consigo mismo, en competencia por vencer, por predominar, por llegar primero, por alcanzar el éxito.  Se trata de un verdadero darwinismo social instalado en las mentes de las personas.  Este espíritu competitivo destruye sentimientos, relaciones humanas, instintos y sentimientos, en aras de obtener una ventaja, un puesto, un cargo, un producto, un lugar, un triunfo.

Marcuse contrapone al orden capitalista dominante la fuerza del amor, de los sentimientos no sublimados y de los valores estéticos, criticando de paso y formulando…

“… la negación del heroismo, de la fuerza provocadora, de la brutalidad de la productividad acumuladora de trabajo, de la violación comercial de la naturaleza…” (Marcuse, op. cit, p. 10).

En el orden de la sociedad dominante, Marcuse ve un sistema cerrado y aunque confía en la rebelión de los jóvenes (única reserva generacional no contaminada por el mercantilismo), asume que su rebelión instintiva y política necesita de un poder material.

III.  LA CRÍTICA DE LA CRÍTICA

Marcuse sitúa su reflexión crítica en una perspectiva que cuestiona a las fuerzas políticas y sociales del cambio situadas dentro del campo de la izquierda y del mrxismo.  Marcuse, cuya identidad filosófica le permitió ser parte de la Oficina de Asuntos Estratégicos en EEUU durante la II Guerra Mundial, se posiciona en un punto equidistante entre la “vieja izquierda” y la “nueva izquierda”, señalando que lo que distingue a una de otra, es la desconfianza generalizada hacia las ideologías (hacia todas las ideologías), es la ausencia de una definición de clase en su postura filosófica y política y en su condición de intelectual confrontado ante el mundo social y obrero.

Habría que subrayar aquí que la crítica radical contra todas las ideologías, contiene oculta, una crítica a las ideologías revolucionarias, a las ideologías que proponen el cambio social del sistema dominante, del mismo modo como la crítica anti-ideológica anticipa la crítica a la política y  los políticos, de la que son portadores ciertos políticos.

A su vez, la crítica a la razón administrativa, no es todavía una crítica a la razón misma, como mitad incompleta de la existencia humana, cercenada del sentimiento, de las emociones, de la naturaleza y de la humanidad integral.

Por lo tanto, la crítica de Marcuse al capitalismo se produce y se manifiesta como una teoría crítica socialmente situada dentro de las capas intelectuales de la sociedad, desde las clases medias, portadoras por lo tanto, de una profunda distancia respecto de la realidad de los trabajadores, es decir, de quienes producen la riqueza social y económica.  Los problemas centrales del capitalismo que percibe Marcuse, no son los problemas centrales que viven los trabajadores, los empleados, los obreros, sino que se situan en la esfera del segmento más intelectualizado y mediatizado de la fuerza laboral.

De allí que la crítica de Marcuse a la sociedad capitalista no parte desde los fundamentos socio-económicos y materiales del modo de producción capitalista y del modelo de desarrollo capitalista, sino desde sus efectos nocivos en la esfera ideológica, cultural, simbólica.  Marcuse parte desde la superestructura ideológica y cultural para tratar de entender la base económica de una formación social determinada.

Las “fuerzas de la negación” que propone Marcuse sin embargo, no están en la clase trabajadora, no están en la fuerza laboral de la que depende la producción material y simbólica en la sociedad actual, sino en los segmentos sociales más desheredados y marginados.  La clase trabajadora se ha integrado en el sistema capitalista volviéndose acomodaticia y aburguesada, luego las fuerzas del cambio según Marcuse no están en los trabajadores sino en los intelectuales, en los marginados, en los jóvenes, es decir en sectores y categorías sociales que no participan directamente de los procesos productivos.

Marcuse pertenece a los cincuenta y los sesenta, pero al tiempo que su crítica al capitalismo moderno contiene ideas pertinentes y justas, no encaja completamente con el período de cambios sociales post-modernos que caracteriza a las primeras décadas del siglo xxi.   Los cambios tecnológicos, sociales y políticos ocurridos en estos recientes decenios impactan sobre el trabajo, la educación, la economía y los intercambios, ampliando la esfera geográfica y la escala de los procesos productivos y de intercambio y modificando el universo material y simbólico de los individuos, acentuando la alienación y la indignación colectiva, agravando el control social y subjetivo y su dependencia de las tecnologías.

La época de Marcuse era de la guerra fría; la época contemporánea del segundo decenio del siglo xxi es el tiempo de las grandes crisis planetarias: energética, alimentaria, financiera, ecológica, ocasionadas por la expansión desenfrenada del capitalismo pre y post-industrial frente a las cuales la conciencia global y la ciudadanía planetaria todavía no termina de constituirse.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Bidet, J.: Refundación del marxismo. Explicación y reconstrucción de El Capital. Santiago, 2007.  Ed. LOM.

Larrain, J.: El concepto de ideología.  Vol. I. Santiago, 2007.  Ed. LOM.

Mallet, S.: Marcuse ante sus críticos.  México, 1970.  Edit. Grijalbo.

Marcuse, H.: El hombre unidimensional. Ensayo sobre la ideología en la sociedad industrial avanzada. Barcelona, 1970.  Edit. Seix Barral.

Marx, C.: El Capital.  Crítica de la Economía Política.  Vol. I.  México, 2000. Edit. Fondo de Cultura Económica.

Poulantzas, N.: Pouvoir politique et classes sociales de l’Etat capitaliste.  Paris, 1968.  Ed. F. Maspero.

About Manuel Luis Rodríguez U.

Ciudadano, magallánico, patagónico.

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