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INTERROGACIONES, REFLEXION CRITICA

Una (in) tranquila sabiduría

El encuentro reciente con mi antiguo profesor del Institut d’Etudes Sociales de Lyon (Francia), Bernard Husson, en el curso de una visita especial que hizo a Magallanes para encontrarse con su antiguo alumno, es un punto de convergencia que me da la ocasión para reflexionar acerca de la función académica y el rol de los intelectuales en el mundo de hoy.

Podría incluso hacer abstracción del ciclo vital que se cerró con esta visita, cuando el profesor viene a la universidad donde hace clases su alumno (la Universidad del Mar aquí en Punta Arenas), para recordar que la universidad, como todo espacio educativo y formativo es un lugar amplio y universal de encuentro entre el saber que se aprende, el saber que se busca y el saber que se enseña.

En cada uno de los intensos dialogos que tuvimos Bernard y yo, nunca pude despojarme de mi actitud de escucha y de aprendizaje…como que nunca he dejado de ser su discípulo y como si mi maestro nunca hubiese terminado de enseñarme.

La función académica y del intelectual en el convulsionado mundo de hoy se encuentra alrededor de a lo menos tres nudos o focos de tensión: 1° la creación, producción y transmisión de conocimientos; 2° el desarrollo incesante de una reflexión teórica y teórico-práctica acerca de la realidad actual y 3° la constitución de una conciencia crítica que apunte desde el presente hacia los nuevos horizontes del futuro.  La ecuación pasado-presente-futuro aparece aquí integrada en el quehacer del intelectual que, como académico, puede contribuir más o menos eficazmente a los procesos educativos y a la formación y desarrollo de la ciencia, y en este caso, de las Ciencias Sociales.

Creo que encontré en mi antiguo profesor la misma tranquila sabiduría del que sabe y no dice que sabe, del que entiende y nos hace entender, del que trata de comprender y de explicar y nos enseña a comprender y explicar, del que enseña abriendo ventanas al saber, del que no impone sus conocimientos por la fuerza visible del curriculum, sino por la potencia invisible del saber construido en base al estudio constante y sistemático y a una permanente decantación de la experiencia.    Desde esta perspectiva, el que sabe, en realidad no sabe, solo va hacia el saber sin alcanzarlo nunca completamente, como si el conocimiento fuera una infinita escalera en la que cada peldaño apunta hacia el peldaño siguiente por alcanzar.

Aunque parece que voy  en dirección de esa tranquila sabiduría de mi profesor,  en realidad sigo un camino diferente: el de la intranquila sabiduría.

Porque se nos ha dado la oportunidad existencial de saber, nuestro deber es saber para seguir intranquilos frente a la realidad que nos golpea, nos indigna y nos cuestiona.  Porque se supone que sabemos, no podemos conformarnos en la tranquilidad del que sabe, porque la desigualdad, la injusticia, la miseria, la ignorancia, la intolerancia y la inequidad nos interpelan a la intranquilidad.

Demás está decir que en el mundo de hoy, la función del intelectual y del académico aparece “venida a menos” ante el predominio casi absoluto de una mentalidad mercantil, competitiva, individualista y materialista, que tiende a desvalorar la producción de conocimiento y de reflexión en nombre de la obsecuencia, del silencio y de la prescindencia, y hasta de la supuesta intangibilidad de la ciencia frente a los intensos acontecimientos de la vida cotidiana y social. No es ni puede ser función del intelectual situarse en una esfera aislada y superior, “en nombre de la ciencia”, frente a los procesos sociales y culturales de cambio que tienen lugar a nuestro alrededor.

Ni la Sociología ni la Ciencia Política, ni las Ciencias Sociales ni la Metodología de la Investigación pueden aparecer como altos edificios cerrados donde los intelectuales especulan y crean saberes, mientras “ven pasar por la ventana” los incesantes acontecimientos de la realidad. Por el contrario la ciencia es una herramienta para cuestionar los saberes “definitivos”, las certezas intocables y las racionalidades absolutas.

Así como la misión estratégica del conocimiento y de la ciencia es la de contribuir a develar las estructuras mentales, simbólicas y materiales de la realidad, la tarea fundamental de la Ciencia Política y de la Sociología, sigue siendo la de aportar interpretaciones, explicaciones y análisis críticos de las estructuras simbólicas y materiales de dominación y de alienación y la de contribuir a empujar hacia el futuro -con las lecciones, aprendizajes, avances y errores del pasado- para superar esas estructuras y transformar la sociedad y la cultura.  El conocimiento es parte del movimiento.

La vocación esencial del intelectual y del académico en el mundo globalizado de hoy, podría resumirse en dos paradigmas insoslayables e interrelacionados: la necesidad de construir conocimientos que permitan conocer y cambiar el orden de cosas existentes, a partir de un pensamiento crítico; y la necesidad de asumir la complejidad de la realidad para intentar develar los mecanismos profundos y las estructuras fundamentales del orden de cosas existentes.  El saber y el conocimiento, llevados hasta sus límites siempre superables, pueden cumplir una misión funcional o una misión crítica ante la realidad y es el intelectual el que debe resolver moralmente en sí mismo este dilema implícito en la diaria tarea de la ciencia y de la academia.

Aún en esta enorme tarea, el intelectual y académico está siempre llamado a la humildad del aprendizaje, a la sobriedad de sus afirmaciones y a la precariedad temporal de sus hallazgos.

La ética de la ciencia opera en la implacable dialéctica de conocer para cuestionar y de cuestionar para saber.

Nuestra misión en la enseñanza, cualquiera sea la forma, el lugar y la plataforma dónde ésta tenga lugar, es apuntar a la excelencia académica, al rigor de la ciencia en la construcción del conocimiento, a facilitar al alumno que aprenda a ser, a estudiar y a aprender, a partir del despliegue de sus propias potencialidades y de un horizonte de pensamiento que le abra las puertas de todos los futuros posibles.

Sabemos para enseñar y enseñamos para saber.

Manuel Luis Rodríguez U.

About Manuel Luis Rodríguez U.

Ciudadano, magallánico, patagónico.

Discussion

2 thoughts on “Una (in) tranquila sabiduría

  1. Muy interesante tu reflexión Manuel, la comparto de manera absoluta.

    Posted by rossy miranda | 18 de December de 2011, 11:50 PM
  2. lean: “sabiduria globalizada del s.XXI”

    Posted by friedricks | 24 de May de 2012, 10:51 PM

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PARADIGMAS EN EL SIGLO XXI

Este weblog propone un espacio intelectual comprometido con una reflexión crítica desde las Ciencias Sociales contemporaneas, en función del presente y en la perspectiva del futuro. Intentamos promover una búsqueda interdisciplinaria desde la Ciencia Política y la Sociología, acerca de diversos tópicos sociales, políticos y culturales de interés global. El diálogo crítico entre la razón y la ciencia, es posible a partir de una apertura intelectual y humanista para confrontar ideas e interrogar teorías, en una busqueda siempre pendiente de los nuevos paradigmas del siglo xxi.
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